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Viernes 7 Marzo 2008

Tras haber sido presentado en los festivales de Cannes, Toronto, Nueva York y Valladolid, y estrenarse en su país de origen, Francia, en enero, el próximo 4 de abril desembarcará en las salas de Estados Unidos “Le voyage du ballon rouge”, último largometraje del cineasta de origen chino Hou Hsiao Hsien (“Millennium mambo”, “Tiempos de amor, juventud y libertad”) que cuenta con la presencia destacada de Juliette Binoche (“Breaking and entering”, “Caché [Escondido]”, “Chocolat”).

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Inspirada en el premiado cortometraje “El globo rojo” de Albert Lamorisse, esta historia nos acerca a Simon (Simon Iteanu), un niño al que un misterioso globo rojo persigue de una forma divertida por París. Su madre Suzanne (Binoche) trabaja en espectáculos poniendo voces a las marionetas, pero está completamente ocupada en su último show y decide contratar a Song (Song Fang), una estudiante de cine de Taiwán, para que cuide de Simon. La película todavía no tiene fecha de distribución en España, así que de momento tendremos que conformarnos viendo su contemplativo tráiler, además de recordar la valoración que hizo sobre ella Julio a su paso por la Seminci.

En la imagen: Fotogramas de “Le voyage du ballon rouge” - Copyright © 2007 Margo Films, Les Films du Lendemain y 3H Productions Limited. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

Domingo 4 Noviembre 2007

El nuevo día ha dejado atrás la amargura y sordidez que el miércoles trasmitiera el austriaco Jakob M. Erwa. Afortunadamente, Hou Hsiao Hsien nos tenía reservado un rayo de luz y esperanza con “Le voyage du ballon rouge”, también presente en el pasado Festival de Cannes —hasta seis filmes se ha traído desde allá Juan Carlos Frugone a la Sección Oficial—. Deliciosa película sobre la vida cotidiana y sus nimios detalles, que pasa sin chirriar de la fantasía e ingenuidad infantiles a la estresante realidad de los adultos. Miradas llena de sensibilidad y poesía de una cámara que no tiene prisa para acompañar a un niño por las calles de París en compañía de su cuidadora o de un globo rojo —homenaje a Albert Lamorisse tras 50 años de su obra maestra—, o en contemplar a su ocupada madre dando voz a sus marionetas chinas. Excelente interpretación de Juliette Binoche, pero esto no es ya ninguna sorpresa. Siendo una propuesta minoritaria por su ausencia de “historia”, la cinta hubiera ganado si acortara su metraje, pues no se habrían perdido ninguna de sus placenteras sensaciones y tampoco hubiera llegado a hartar su repetición de situaciones.

Después nos dimos un paseo por Cantabria. Teníamos por guía turístico a Mario Camus, y por recorrido el que trazaba su película “El Prado de las Estrellas”. Varias historias variopintas y entrelazadas, y personajes muy humanos que tratan de no renunciar a ilusiones y proyectos que les abran horizontes. Una historia muy pegada al terreno de su adorada tierra, descompensada en sus tramas, y con diálogos tan cuidados como artificiales en su excesiva literalidad, con tomas del ciclista en la carretera que rompen el ritmo narrativo y que sólo se justifican por su afán de mostrar bellos parajes, con alegatos ecologistas frente a la especulación inmobiliaria… En todo se respira su apego a la Cantabria rural y tradicional, y eso es precisamente lo que le traiciona al caer en la complacencia. La trama sentimental es la que peor funciona pues le falta emoción y ternura, mientras que la de la anciana y el personaje de Álvaro de Luna acaba siendo la que mejor conecta con el espectador, también por el buen trabajo del actor y de Mari González. No llega a satisfacer esta nueva película de Camus, por la irregularidad comentada y la falta de ritmo, por la frialdad y despego que provoca.

Fuera de concurso estaba “Lo bueno de llorar”, la nueva obra de Matías Bize, hijo predilecto de la Seminci-Frugone pues en este tiempo se han proyectado sus tres films. De manera insistente, el chileno vuelve sobre una historia de pareja, con las mentiras e infidelidades que se esconden tras la relación. Una larga noche de paseo por Barcelona para trasmitir dudas, deseos, miedos… todo entre discusiones y justificaciones. Una trama mínima que esconde una gran dosis de pesimismo sobre la duración del amor y sobre la condición humana. Y en la sección Punto de encuentro hemos podido ver una entretenida película de cuidada factura audiovisual, “Nevando voy”, de las jóvenes directoras Candela Figueira y Maitena Muruzábal. Una oxigenante historia sobre cómo el trabajo —en un taller de embalaje de cadenas de coche para la nieve— puede trasformarse en un juego si entre los compañeros reina el buen humor y la amistad, aunque sus cuatro protagonistas nunca lo tienen tan claro ni tan fácil como aquí se dice. La cinta tuvo muchos aplausos y la gente salió contenta de la sala, aunque ciertamente había caídas de ritmo en el guión y cierta artificiosidad en la puesta en escena y en las interpretaciones, defectos excusables en una ópera prima.

En las imágenes: Detalle de una creatividad promocional de “Le voyage du ballon rouge” © 2007 Notro Films. Todos los derechos reservados. Mari González y Álvaro de Luna en “El Prado de las Estrellas” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados.

Jueves 1 Noviembre 2007

Quizá para enmendar la decepción de ayer con Sergio Renán, hoy se ha proyectado “XXY” de Lucía Puenzo, premiada en el Festival de Cannes y candidata de Argentina a los Oscar®. Película planteada como una búsqueda de la identidad sexual y personal, a partir de la historia de una chica a la que sus padres habían querido dejar la opción de elegir su orientación cuando llegase a la adolescencia. La cinta está bien rodada e interpretada, con diálogos ambiguos que dan la información justa, con una ambientación de luces frías que potencia la indefinición que propone la misma historia. La realidad es dura y dramática, si bien el planteamiento de salida resulta artificioso. Aunque se le dota de sensibilidad adolescente, el film exigía una mayor profundidad.

Del drama argentino bien cocinado y condimentado, pasamos al dramón polaco ofrecido en “Plaza Salvador” por Krzysztof Krauze y su esposa Joanna Kos-Krauze. Historia para llorar con la protagonista, una buena mujer que ve cómo la quiebra de la constructora les deja sin vivienda, su suegra la enemista con su marido y le hace la vida imposible aprovechando que les ha acogido en su casa, su marido la engaña con un amante… Crónica negra y espesa que no deja respirar al atribulado espectador, hasta un desenlace tan poco coherente con las dos horas previas… que sólo se explica por un error de guión y una voluntad de justicia de los directores.

Pero la negrura y sordidez estaba aún por llegar en la jornada de hoy, y vino de la mano de “Heile welt” del austriaco Jakob M. Erwa. Retrato de dos generaciones que compiten en desorientación y desenfreno: adolescentes que no son dueños de sus emociones ni de sus actos, que vagan por las calles entre robos, juergas de alcohol y sexo; y padres que también abandonan su responsabilidad y temen haber perdido el cariño y autoridad sobre sus hijos. Lo malo es que el director cae en lo que denuncia y se hace indigesto, con una cámara loca de planificación descuidada, una fotografía de mínima resolución, un gusto por lo morboso en escenas de sexo y violencia, y una ambientación posmoderna que cansa y asfixia. Menos mal que por la tarde apareció Albert Lamorisse con sus dos mediometrajes más reconocidos, en un homenaje que la Seminci le ofrecía: “Le ballon rouge” y “Crin-blanc”. Cine de los años 50 multipremiado para dar una lección de poesía e inteligente uso de la imagen, de dulzura y humanidad. Cine de muchas lecturas y factura sencilla que recomiendo a todos los amantes del buen cine, pues recientemente ha sido editado en DVD.

En las imágenes: Inés Efron en “XXY” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Heile welt” © 2007 Novotny & Novotny Filmproduktion. Todos los derechos reservados.

Miércoles 24 Octubre 2007

«A la tercera va la vencida», dicen los más optimistas, mientras que otros —los que siempre buscan cadáveres, y a quienes les gusta la crisis permanente— se apuntan a eso de que «no hay dos sin tres». A partir del próximo 26 de octubre veremos dónde se halla la sabiduría del refranero, pues entonces se levantará el telón de la 52ª edición de la Seminci, tercera bajo la batuta de Juan Carlos Frugone. La de las Bodas de Oro se había echado encima cuando el nuevo director llevaba sólo unos meses en el cargo y con la sombra de un Fernando Lara que tenía ya bien atado todo lo relativo a las conmemoraciones —a la postre lo más destacado—; la del pasado año acabó siendo demasiado floja en su Sección Oficial, al margen de alguna deficiencia en la organización y demás apuestas innovadoras. También es cierto que, desde su llegada al cargo, Frugone había reclamado un director ejecutivo o gestor que le descargase de algunas tareas, algo que en esta edición ha conseguido: una empresa de servicios (!) se ocupará de dicho cometido; veremos si ayuda o aumenta la descoordinación y la dejación de responsabilidades.

En este “periodo post-Lara”, las críticas también le han llovido por haber sufrido una pérdida de lugar e identidad en el circuito de festivales. Por momentos, parece que el de Gijón se desmarca con un cine más arriesgado que catapulte a nuevos autores, que el de Sevilla —quizá por su mayor presupuesto— está atrayendo con más fuerza a directores consagrados del cine europeo a la vez que le pisa el calendario (lo mismo que el recientemente creado Festival de Roma), o que incluso el de Las Palmas amenaza con adelantarle por la derecha. Es tanta la proliferación de festivales que nacen con una vocación definida, que el de Valladolid corre el riesgo de quedar arrinconado y olvidado en su desorientación, y quizá esté clamando por una mejor definición de su tradicional “perfil comprometido” o de su pretendida “vocación generalista”. En esa tesitura, está sufriendo los vaivenes típicos de quien busca el difícil equilibrio entre directores consagrados y jóvenes talentos que descubrir, y hasta ahora parecía virar hacia un cine sudamericano que no siempre alcanza la altura que a la Seminci se le supone.

La muerte de Ingmar Bergman en verano ha convertido en necesidad lo que hubiera sido un placer desde hace año: rendirle un homenaje en la Seminci, puerta de entrada en España de su cine y escaparate de muchas de sus películas en las primeras ediciones de lo que se llamaba Semana de Cine Religioso y Valores Humanos. Por eso, la actual edición acogerá la proyección de la película inédita “Bergman island” de Marie Nyreröd. Mejor tarde que nunca. Otras proyecciones especiales serán las películas “Crin-blanc” y “Le ballon rouge” del francés Albert Lamorisse, y la ópera prima “Sábado” del nuevo niño mimado de la Seminci, Matías Bize.

En las imágenes: Cartel de la 52ª edición de la Seminci © 2007 Seminci. Todos los derechos reservados. Ingmar Bergman en “Bergman island” © 2004 SVT. Todos los derechos reservados.