Afortunadamente hemos encontrado una nueva joya en la Seminci, la misma que perdió Fisher Willow al llegar a una fiesta de alta sociedad en el sur de los Estados Unidos. Son los años veinte en una plantación del Mississippi y una joven caprichosa y vanidosa que vuelve de Europa contrata al atractivo Jimmy (Chris Evans) –que trabaja en la hacienda de su padre– para alardear frente a sus amigas cuando vaya a las fiestas. Acostumbrada a tener todo lo que se propone, quiere conseguir también su afecto, pero se encuentra a un hombre honesto y de principios que no está dispuesto a dejarse enredar en su tela de araña, menos aún cuando ella pierde un pendiente de gran valor. Este es el marco de “The loss of a teardrop diamond” (“La pérdida de un diamante lágrima”), primera película de Jodie Markell, con guión de Tennessee Williams y que cuenta con Bryce Dallas Howard como protagonista indiscutible. No se encuentran ya guiones como el de Tennessee, que no da puntada sin hilo al radiografiar una sociedad intolerante, cerrada y que vive de las apariencias. Cada personaje y situación están medidos con precisión y se apuntan mil detalles para reflejar el orgullo y las diferencias de clase de esa sociedad sureña, con un matizado retrato de caracteres que muestran la prepotencia, los celos y también la honestidad de algunos de sus personajes.

Fisher tiene que madurar porque lleva toda su vida huyendo de sí misma, escondida en sus riquezas, y solo la solidez moral de Jimmy y el enfrentamiento a la muerte de la anciana Miss Addie (Ellen Burstyn) la hacen despertar y renunciar a su orgullo y encontrar otro diamante para la vida. Una película independiente, muy bien ambientada y con un diseño artístico de altos vuelos, con una Bryce Dallas que mejora incluso sus papeles anteriores para trasladarnos a una mentalidad de otra época y recordarnos a las heroínas de las adaptaciones teatrales del famoso dramaturgo estadounidense. Sin duda, se trata de un gran largometraje a pesar de ser una ópera prima, y sabe integrar ese clima social de los años veinte con el vivido por el guionista en los cincuenta. En la rueda de prensa, Jodie Markell habló de su intención de recuperar el espíritu y la esencia de Tennessee Williams al realizar la adaptación cinematográfica de un texto suyo –han pasado cuarenta años desde la última– porque su mensaje tiene actualidad en estos momentos de crisis de valores, intolerancia y corrupción en la sociedad. También incidió en el sentido metafórico de la luz en algunas escenas clave, y en la herencia recibida del cine de Elia Kazan y Martin Scorsese o de “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, autores en los que se inspiró para su película. … sigue >>











