Esta semana se ha presentado en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) la 18ª edición de la Semana de Cine Experimental de Madrid, multitudinaria comparecencia a la que han acudido Joana Skierska (Directora del Departamento de Cooperación Internacional de la Televisión Polaca), César Ballester (autor de “El cine de Andrzej Munk”, libro editado por el certamen), Manuel Reverte (Director de Servicios de Nokia), Fernando Martínez Vara de Rey (Responsable de Cultura de Casa Sefarad-Israel), Juan Pinzás (cineasta Dogma), Chus Burés (diseñador del Trofeo concedido por la Semana) y José Luis Borau (Presidente de la SGAE y co-director del festival). Este año se han presentado para la Sección Oficial 409 cortometrajes de treinta nacionalidades distintas, lo que marca un importante éxito en la convocatoria; aún así, Borau ha tenido palabras críticas para los medios de comunicación, que no dan —damos— la relevancia que él cree que merece una propuesta «que lleva ya casi dos décadas de vida. Cuando creamos este proyecto, se nos tachó de excéntricos, no teníamos ningún futuro. El tiempo ha demostrado no sólo que no es así, sino que hay una gran verdad que dicta que el cine experimenta o muere. La obra de los grandes maestros —ha continuado— está devaluada, para su desgracia; así, o se evoluciona o el público dará definitivamente la espalda al séptimo arte, al margen de parámetros comerciales. La Semana, en este sentido, es más necesaria que nunca».

Polonia es el país invitado, con una retrospectiva en la que podrán disfrutarse “Aléjate de la ventana”, “Un animal grande” —con guión de Krzystof Kieslowski—, “Persona non grata”, “El recaudador” y “El tiempo de morir”. Además, “Katyn”, de Andrzej Wajda, será la encargada de abrir la Semana. Joana Skierska se ha referido a la situación del cine polaco: «vivimos un tiempo de grandes transformaciones, regresando en cierto modo a la creación de autor. En mi país hemos luchado por la libertad hasta finales de los ochenta, y el séptimo arte ha sido una herramienta más. Tras esta etapa, nos abrimos más a lo comercial, con claras influencias americanas, pero ahora los nuevos creadores están expandiendo su mirada hacia valores universales, no sólo hacia la realidad de nuestra sociedad particular. Y el régimen de coproducción ayuda, por supuesto». Junto a todo ello, se publica un texto dedicado al realizador Andrzej Munk, escrito por César Ballester, que se ha referido a «la tragedia de que falleciera en 1961, cuando tenía ya claro el camino que quería seguir. Personalmente opino que es un cineasta fundamental, ya que avanzaba contracorriente y se centraba en el individuo, no en la generalidad». … sigue >>








